La huelga del Poder Judicial

Fuente:
Sección: OPINIÓN

Lic. Edilberto Escobar Cascante*

En el último siglo, era impensable una paralización total de los Tribunales de Justicia. Por muchas razones, porque como en todas las instituciones públicas de nuestro país y el Poder Judicial no es la excepción, en cada profesión y en cada actividad, hay un sindicato, a veces dos y a hasta tres. 

En la Caja Costarricense del Seguro Social, por ejemplo, hay 92 organizaciones sindicales, lo que hace muy difícil poner de acuerdo a tanta dirigencia, jalando cada uno para su saco y con una estructura laboral atomizada. 

En la jerga sindical, además, se tiene la opinión, de que hay sectores elitistas, dentro del mismo movimiento sindical, por ejemplo, se señalan con dichas características, a los sindicatos bancarios, los sindicatos médicos y las organizaciones judiciales, los que nunca paralizaron su actividad, en solidaridad con ningún otro grupo y jamás lo harían, ellos están por lo de ellos. 

Solo se registran luchas propias, la de los médicos en 1982, la de los Bancos en 1978 y ahora la de los funcionarios judiciales, en el año 2017. Estos en defensa de lo suyo, de su derecho a una pensión digna, que les permita vivir decentemente en su retiro, sobre todo, que el paso de un escenario de estar en servicio y acogerse a una pensión, no deteriore su condición y nivel de vida, como sí se lo recetaron a los maestros en 1995. 

Tenían un esquema y unas condiciones originales y de un momento a otro, se las cambiaron, dándoles menos pensión, obligándolos a trabajar más años y rebajándoles el cálculo del monto de la pensión que reciben, asustándolos con números falsos, como ahora lo hacen con los judiciales. 

Por eso, tarde o temprano, les harán lo mismo, por más que se hable de proyecto consensuado. Les terminarán imponiendo, más edad, mayor aporte y menor monto de pensión, si estos aflojan o se duermen. 

Es el sesgo que ha tomado esta suspensión. 

En este país no ocupamos ejército, ni carabineros, ni guardia republicana. 

El reproche social es fácil ganárselo, cuando se defienden derechos justos y eso atenta, contra todo intento. Bajo el prurito de que cuando una lucha paraliza una actividad, estamos ante servicios públicos esenciales. 

Nada más falaz, porque si eso se analiza, nunca en la historia se hubiera dado un movimiento de protesta, menos en el Poder Judicial, en virtud de que la calificación de los hechos es muy subjetiva. Los servidores judiciales, han tenido que enfrentar el lagrimeo del retiro de cadáveres de la Medicatura Forense. 

Han estado en huelga, con la prensa amarillista en contra; con el silencio cómplice de todas las iglesias; con la oposición de los partidos representados en el Congreso; las críticas de las cámaras empresariales; la posición veleidosa de la Defensoría de los Habitantes así como la indiferencia del resto de los sindicatos. 

También el silencio mojigato del Colegio de Abogados, con tanto colegiado inmerso y perjudicado eventual, pero que no es de extrañar; las críticas en todos los programas radiales de opinión; la presión de ciertos sectores que se sienten afectados por trámites y los anticuerpos dentro del mismo movimiento. 

Asimismo, la posición asumida por la cúpula del Poder Judicial; el carácter puntual de la huelga, que aisló el movimiento del resto de la agenda social; la creencia generalizada de que todos los trabajadores judiciales, se pensionan con pensión de expresidenta del Poder Judicial y el manejo empírico y activista, que los dirigentes le pusieron al movimiento, suspendido con una simple promesa. 

Muy poco, en un país en insolvencia y sin liquidez, como lo aseguró el Presidente. 

Los dirigentes del movimiento limitaron la huelga a caminar los doscientos metros, que separan a la plaza de la Justicia, de Cuesta de Moras y a variarle el color a las camisetas que usaron. Todo lo creativo de la huelga. 

No se prepararon para contrarrestar y desbaratar los infundios, que les tiraron, con el timo de la defensa de privilegios. Falso de toda falsedad. 

La verdad es que se vio, que los enemigos históricos de la clase trabajadora ven en los recursos del fondo de pensiones judiciales, todavía autosuficiente, un suculento pastel. 

La huelga fue realidad en condiciones precarias, justa pero limitada, por eso sencillo suspenderla. 

Ocurrió en circunstancias particulares, porque el movimiento monolítico, sirvió para despedir el viejo esquema de la legislación laboral, para el caso de las huelgas; con las nuevas reglas, la realidad será otra, las huelgas igual. Esporádicas. 

El día que se escriba la nueva historia de las luchas sociales en nuestro país, este retazo de la historia social de los grupos sindicales costarricenses, se tendrá que hacer en hojas especiales, a pesar de todo. 

Pero de seguro esto ya no la escribirá mi exprofesor universitario, don Vladimir de la Cruz de Lemus, quien nos regaló aquel librazo, de consulta obligada, sobre la historia de las “Luchas Sociales en Costa Rica”. 

Mi exprofesor ya no es aquel joven socialista e inquieto profesor universitario, hoy pensionado. Don Vladi pertenece ahora a otro grupo. 

 

 *Abogado