Las deformaciones de la endogamia judicial

Fuente:
Sección: OPINIÓN

Pablo Barahona Kruger* / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El enorme desprestigio que vienen cosechando los gremios judiciales a partir de una huelga anodina, que además ha sido muy mal conducida políticamente y aún peor comunicada al país, debe cesar cuanto antes; por la salud de la República y ya no solo por la legitimidad del Poder Judicial.

Todos los ciudadanos conscientes hemos asistido preocupados y no con poco asombro, a ese espectáculo deslucido en que los judiciales optaron por las vías de hecho, arrastrando tras de sí no solo la división de poderes al incursionar en la presión abierta y callejera contra los legislativos, sino arrasando de paso el propio principio de legalidad que les da sentido como jueces, fiscales, defensores, agentes o, en fin, como funcionarios públicos que es lo que a fin de cuentas son. 

Y es que hay que decirlo: al desatender una orden de la Sala Constitucional, el movimiento se depreció. Es más, se desnaturalizó. 

¿Cómo demandarán en adelante que la ley sea atendida por todos los ciudadanos cuando un juez pretenda imponer su decisión (jurisdicción), si antes, esos mismos jueces han llamado a los forenses a desatenderla cuando no les ha gustado lo que los magistrados constitucionales resolvieron ante una acción de amparo de la Defensoría de los Habitantes? ¿Cómo se le explica a los costarricenses que los mismos líderes gremiales del Poder Judicial sacrifiquen la legalidad ante el altar de unos privilegios insostenibles fiscal y éticamente? 

Aquí lo que está en juego, lo que verdaderamente está en juego, es que no tengamos, muchos, que pagarle la pensionzota a unos pocos. Pero también se juega, la división de poderes y el imperio de la razón. 

¿A quién creerle como ciudadanos? ¿A los diputados que se montan sobre los hombros de la UCR para ver más allá o a los judiciales que viéndose el ombligo proponen que se les apruebe la carta al niño?

Todo ello, al margen de reconocer que las pensiones de lujo en el Judicial no solo son de unos pocos sino que quienes rompieron los topes fueron los mismos magistrados y no los funcionarios que hoy protestan mayoritariamente ante el cambio inevitable de reglas que les obliga a pensionarse más viejos y con menos plata. 

La decisión esta vez, y he ahí el punto medular, no le corresponde al Judicial, sino al Legislativo. La decisión es política y el Judicial debe respetarla, así no la comparta. Es más, ha de aceptarla hoy, como el Legislativo ha tenido que tragar grueso tantas y tantas veces por decisiones jurisdiccionales que le enmiendan la plana, aún incursionando al límite de lo que parecía más política que justicia. 

Ironía.- Por si no bastara, además de la irracionalidad, se hizo también presente en esta huelga judicial, la ironía. 

Y es que desde el momento en que los diputados causan, al menos en parte, el problema de fondo, y a la vez tienen en sus manos la solución última, no se puede hablar de otra cosa más que de la más pura y llana ironía. Y no hablo de números, aclaro.

Resulta ser que el gobierno judicial que ejercen primordialmente los magistrados, ha sido confiado por los diputados, desde hace décadas para acá, a los propios judiciales. 

Durante años, los compadrazgos han imperado a la hora de designar legislativamente –léase: políticamente- a los magistrados. Y, curiosamente, son los diputados quienes han decidido repetidamente que la Corte Plena esté integrada tal y como está. 

Hoy la inmensa mayoría de los magistrados son exjueces, exletrados e incluso exfiscales. En una palabra: judiciales. 

Y desde ahí, el efecto endogámico provocado por los mismos legislativos, ha venido minando cualquier refrescamiento que incluya otras visiones menos institucionalizadas y, en ese tanto, más realistas. Desenfadadas incluso de los compromisos innegables que conlleva la solidaridad gremial o la típica amistad de los compañeros de años, que han sido jefes, compañeros e incluso pareja. 

En la Corte Plena escasean los litigantes excelsos que adentrados en su carrera, deciden abandonar el lucro para abocarse a introducir esta otra visión profesional desde el lado opuesto del estrado. Casi no hay académicos de tiempo completo y rigor severo que cambien de marcha para ir a enriquecer esa otra noción judicialista imperante en la Corte, abonando desde una magistratura renovada y profunda, una mejor jurisprudencia, al tiempo que un Gobierno Judicial más congruente y comprometido con el ciudadano y, solo después, con el funcionario. 

Los propios diputados tienen la llave. Si no la han usado antes y no la usan ahora es porque no quieren o ni siquiera identifican la raíz del problema. 

Buenos abogados en Costa Rica hay. No sobran, pero los hay. Si no echan mano de ellos, eso es otra cosa. Una que, por cierto, rebasa la ironía para dar paso a la tontería.

Los efectos deformativos de la endogamia, tarde o temprano, llegan. Lo dice la biología, pero también la política.

Al punto que esas deformaciones le explotaron a los diputados en la cara. Y eso sí que es una ironía que le debemos a esa política conspicua que reconoce que no hay mal que por bien no venga.  

 

 *Abogado y profesor de derecho